Lo menos que yo puedo.
Jaime Sabines
Lo menos que yo puedo
Para darte las gracias porque existes
Es conocer tu nombre y repetirlo.
Si brotas de la tierra,
Hostil de espinas, ávida de cielo,
En vigoroso impulso
Y ofreces un capullo a la caricia
Leve del viento y cálida del día,
Sé que abrirás a la mañana bruja
Tu perfección efímera en la Rosa.
Conozco tu perfume y tu destino,
Piel de doncella, hostia múltiple;
Tu breve día, tu don. Miro el momento
En que brindas tu lecho nupcial a las abejas;
O el colibrí se pinta en tus colores
Y desmayas tus pétalos de seda,
Conchas del mar del aire en que naufraga
Tu vida breve y tu perfume rosa.
Yo repito tu nombre cuando veo,
Ave suntuosa y vegetal, tu nido
Anclado en aquel árbol que te nutre.
Las plumas de tus pétalos, Orquídea;
El silencio en que cantan tus colores.
Y te busco en la sombra;
Bajo el ala del árbol que te oculta,
En los ramos redondos
En que entonas a coro tus azules, Hortensia.
Pero también te admiro y te saludo
Y repito tu nombre proletario
Cuando tiendes, Mastuerzo,
Tus frágiles sombrillas, tus trémulas sombrillas
Disciplinadas y redondas,
En que tiembla el rocío,
Y atreves la sencilla
Ofrenda de tus conos amarillos
A la mano del niño que te inmola.
Y a ti, Cortina humilde
Que abres al sol y cierras a la noche
Tus sueños de trocarte en Bugambilia;
Y a ti, que en el violento
Grito de tu amarillo
Ostentas en colores, Mercadela,
El perfume negado a tu pobreza.
Y contemplo tu rostro, Margarita,
Tu cuello almidonado e impecable,
Tu uniforme escolar para la fiesta,
Tu faz redonda, ingenua.
Saludo a tus hermanas mayores en las Cinnias
Que aprendieron ya el arte de maquillarse;
Que copiaron su labio pintado a la Petunia
Mientras tiende su beso
Y asoma su coqueta esbeltez entre las turbas
Del Cielo raso que la rapta.
Miro cómo el Acanto
Lana la espiga erecta de sus torres
Y cómo los Delfinios
Yerguen, música azul, sus campanarios.
¿Qué licor impalpable
brinda, alto Alcatraz, tus copas blancas?
¿Qué cielo multiplicas, Agapando,
cuando rindes a la nuez de tu universo
desde el brazo tendido de tu tallo?
Te miro, Platanillo,
Cresta airosa de un gallo de alas verdes;
Tan lleno de familia
Que no has podido ser una Gladiola,
Y te resignas a tu sino
Del pariente más pobre de esa rica
Dueña de tiendas, celofán y lazos.
Cerca está la Retama;
Sus largos alfileres
Capturan mariposas menudas y amarillas.
El polen de sus alas prisioneras
Cuelga en uvas minúsculas la Mimosa vecina.
Lo menos que yo puedo
Para darte las gracias porque existes
Oh flor, milagro múltiple;
Es conocer tu nombre y repetirlo.
Danza el Geranio inmóvil sus enaguas gitanas
En tiesto humilde.
Cuando llegue el invierno;
Cuando duerman las Dalias su gestación de piedra;
Cuando nieven los Lirios su cándido capullo;
Cuando la Nochebuena despliegue sus estrellas,
Vestirán las Azaleas trajes de bailarina,
Faldas de leves tules y lánguidos pistilos.
Serán tu aristocracia, Geranio, las Azaleas.
Yo te miro trepar, flor eminente;
Gloria o Jazmín, o Plúmbago, que entregas
Tu fino ramo pálido al viandante;
Te miro, Bugambilia,
Anidar la morada de los hombres
Cual si los invitaras a ser pájaros
Te miro, Llamarada,
Ungir de sol el muro y las ventanas;
Y si un perfume de niñez me invade
Y condensa la tarde en su dulzura,
Sé que tú has de estar cerca, Madreselva.
Te admiro, dura y rara, hostil y gloriosa,
Seca y amarga y vívida
Como la recia planta que decoras
Cuando estallas tu rojo en la Biznaga
Que coronas minúscula de estrellas;
Cuando del Nopalillo que serpea
Entre rocas de lava congelada,
Brotas como una estrella de alabastro
O sangras como herida de la piedra.
No me olvides, me grita el Nomeolvides
Que recoge virutas siderales
En el prado en que juegan las Juanitas
Y cuidan engolados Pensamientos;
En el alegre prado
En que embisten la clara pirotecnia
De su organdí corriente, los Perritos;
En que los Alhelíes,
Ebrios de aroma, pintan su sonrisa
Roja, blanca y morada
Y donde las Violetas,
Como cuadra a su fama,
Doblan el cuello y hurtan su modestia.
Y yo te miro, flor, tender el vuelo
Y posarte en los árboles; te miro
Arder en la pasión del Flamboyán
Que incendia el día de Mérida.
Y cubrir con tu velo de crepúsculo triste
La Jacaranda de Guadalajara
Que inmola alfombras tenues a los pasos románticos.
Te miro, Flor de mayo, Jacalasúchil,
Redimir la pobreza de tus troncos
Con una geometría perfumada y perfecta;
Te miro, Cempasúchil,
Flor de los muertos y de los pobres,
Enriquecer y resucitar a mi raza.
Y te aspiro, Gardenia,
Jazmín, Huele de Noche, Estrella de Día;
Heliotropo, Azucena, Nardo;
Porque eres forma, color y perfume;
Porque eres, flor, la esencia de la vida,
La juventud del mundo, la belleza del aire,
La música cifrada del orbe;
Porque eres frágil, breve, delicada,
Y corres a la muerte que te inmola y consagra, y eterniza.
Lo menos que yo puedo
Para darte las gracias porque existes;
Para alabar a Dios que te ha creado,
¡ oh flor, milagro múltiple !
es conocer tu nombre y repetirlo
en una letanía de colores
y en una sinfonía de perfumes.
IMPORTANTE: Cada uno de los versos aquí publicados pertenecen a tu autor/compositor y algunos son DAR y/o dominio público.



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